“Si eres la persona más inteligente
en el lugar donde te encuentras… estás en el lugar equivocado”.
Dicha afirmación me lleva a
reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos, este instante que fue predicho
por el instinto de avanzar, de cambio y de evolución, que a veces simplemente
se va opacando y mermando al ser invadido por la comodidad.
Una de las ocasiones más
satisfactorias en el transitar por la vida debe ser la culminación de una meta,
de una etapa o el alcanzar un logro por el cual nos hemos esforzado y que con el paso del tiempo y con nuestro esfuerzo
constante nos ha obligado a transformarnos y adaptarnos a nuevas circunstancias
aún sin estar conscientes de estos cambios.
Ese mismo esfuerzo es el que sirve
de indicador para saber cuándo debemos movernos a un nuevo reto; cuando la
siguiente tarea, la siguiente odisea, la siguiente aventura nos llama desde ese
lugar inalcanzable desde donde nos han llamado todos nuestros retos anteriores aún
por muy diminutos que estos fueron.
Es que al ir obteniendo todo de
forma más rápida y calmada, las recompensas serán cada vez menores y menos
satisfactorias, debido a que cada vez nos costará menos alcanzarlas, lo que nos
lleva a encontrarnos en un ciclo repetitivo de hacer tareas con poco esfuerzo,
para tener siempre el mismo resultado, que luego de un tiempo, más que entretenernos,
mantenernos activos y ocupados, nos hará sumergirnos en la más tediosa y poco excitante
rutina que nos convertirá en seres aburridos, desdichados e inconformes sin
saber por qué.
Porque el alcanzar algo con
facilidad que antes nos tomaba mucho esfuerzo lograr, solo nos sirve para
indicar que hemos crecido, que hemos mejorado, que hemos progresado. Por lo
cual lo más lógico por hacer es ir al siguiente nivel, subir a ese siguiente escalón
sobre el cual tendremos que pasar noches y días de arduo trabajo. Pero que a su
vez volverán a despertar ese instinto de sed, de ansias, de ganas de seguir
adelante y no desfallecer.
El momento en el que volvemos a
salir de nuestra zona de comodidad es el momento en el que volvemos a sentirnos
vivos. Porque nunca nadie se hizo fuerte haciendo lo fácil.
Lo que le da sentido a la vida es el
no saber qué vamos a hacer con ella.



