miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Quien Dijo Que La Pareja Es Para Ser Feliz?

Desde pequeños la mayoría de nosotros soñamos con formar nuestra pareja y esto es lógico, ya que todas nuestras familias están conformadas por infinitas historias de parejas, historias de amor, de desamor, de separaciones, de felicidad y de dolor. 

Sin parejas no habría vida, no existiríamos, no solo por razones reproductivas, si no razones más existenciales, más filosóficas. Por eso la mayoría de nosotros estamos destinados a tener alguna vez en la vida, al menos una pareja o por lo menos a desearlo.


Pero, ¿Qué perseguimos al formar pareja? ¿Qué deseos hay evidentes, explícitos, pero también ocultos en la búsqueda de pareja?... Si tengo pareja estaré realizado, si tengo pareja seré feliz, si tengo pareja estaré completo… y buscamos... Buscamos y hasta cambiamos de pareja buscando ese “ideal” que nos aporte ¿qué?

De alguna forma todos buscamos en la pareja “algo” que nos falta, de hecho está demostrado, que una primera etapa de enamoramiento, proyectamos en el otro nuestros deseos “idealizados” y con el convivir y compartir empezamos a encontrarnos con la “verdadera” pareja y comienzan los problemas y las decepciones.

Pero desear encontrar una pareja y mantenerla con el objetivo que ella llene o complete aquello que me falta, es sin duda un gran error y además un objetivo imposible de satisfacer. Sin embargo la pareja, desde mi punto de vista tiene exactamente esta función: mostrarme eso que me falta, mostrarme eso de mi que aun no puedo mirar y entonces poder hacer algo en mi, poder crecer, poder integrar mas aspectos míos y al final poder ser más completa(o).

Quizás nos han enseñado que al tener una pareja seriamos muy felices, pero la realidad es que si crecemos en pareja tendremos muchos momentos y experiencias felices y gratificantes, pero inevitablemente tendremos muchísimas experiencias desagradables, difíciles y dolorosas, porque justamente  estas últimas son las que nos permiten elevar nuestro nivel de consciencia, integrar nuestros aspectos ocultos y trabajar en nosotros mismos.

La pareja debe formarse para construir algo, para desarrollar o crear algo material o espiritual y para pasar la vida a los hijos (si fuera el caso); pero en especial para “crecer juntos”, no únicamente en el sentido obvio de acompañarnos, apoyarnos y compartir logros, fracasos, problemas, salud y enfermedad, si no para que Tu me muestres mis heridas, mis aspectos por sanar, mi propio trabajo individual y esto explica porque no tenemos aquella pareja que “quisiéramos”, aquella pareja que nuestros padres y amigos quieren para nosotros, porque la pareja que tenemos es aquella que podemos tener, aquella que merecemos y necesitamos justamente para ese proceso muchas veces largo y difícil. 

 Nuestra pareja es justamente la que tenemos de acuerdo a nuestro nivel de consciencia, nuestro concepto de amor y nuestro amor por nosotros mismos.

 Cuando empecemos a tener problemas o dificultades en la pareja, tenemos nuestra primera alarma, pero no para salir corriendo, ni para culpar al otro, hagamos un alto y preguntémonos a nosotros mismos, ¿Qué pasa conmigo?, ¿Qué hace que yo haya escogido esta pareja?, ¿Qué siento realmente?, ¿Qué es lo que me duele exactamente?, ¿Qué busco yo teniendo una pareja infiel, por ejemplo?, ¿Por qué yo elegí un esposo alcohólico?, ¿Qué busco con un marido egoísta o desconsiderado? ¿Qué dice de mí? ¿Qué dice de mi autoestima?, ¿En que se parece a mi patrón familiar?, ¿Qué herida me está activando esta situación? 

 Si logro mirar justamente aquello que mi pareja me está mostrando, entonces Si puedo hacer algo por mí, si puedo hacerme cargo de mi vida y de mi pareja y puedo tomar decisiones desde un nivel de consciencia mayor y la pareja estará cumpliendo una de sus hermosísimas funciones. Al fin y al cabo ¿quien dijo que la pareja es para ser feliz? 

Autora del Texto: Daphne Bolívar Izquierdo.
Imagen: Banksy
Gracias M.M  

jueves, 23 de septiembre de 2010

El Poder De Las Palabras

Las maldiciones e insultos se remontan a las civilizaciones más antiguas, estas personas creían tan fuertemente en su palabra que aseguraban que el maldecir o insultar a alguien acarreaba un daño terrible ya que estos deseos se volvían realidad, por lo que la persona maldita se perjudicaba.



En nuestro tiempo actual todavía invertimos gran cantidad de nuestras vidas en envidiar, hablar mal, criticar e insultar a otras personas. Imagínense si todo ese tiempo lo invirtiéramos en nosotros, en llegar a conocer nuestros pensamientos y en como volverlos realidad. Es algo que no se logra de la noche a la mañana pero el estar más consciente de las palabras que salen de nuestras bocas y de los pensamientos que circulan por nuestra mente seria un buen inicio.

¿Alguna vez les ha pasado que piensan en alguien y al poco tiempo (Horas, días o semanas) saben de esta persona? Algunos lo llaman casualidad, pero otras personas podrían decir que son protagonistas de muchas casualidades muy seguido.

Si empezamos a concientizar un poco más nuestros pensamientos y nuestros deseos podríamos modificar muchas cosas en nuestro entorno y convertirlas en beneficios para nosotros y los que nos rodean.

Comencemos por pensar en positivo y hablar de esta misma manera. Si en vez de decir: “No me quiero enfermar” afirmáramos de la misma manera: “Quiero estar saludable”, nuestra mente recibe un mensaje claro y positivo, muchas veces le decimos a los niños: “No rompas este plato” ¿y que es lo primero que pasa?, el plato se rompe. Si les digo que no piensen en un helado de chocolate, ¿Qué es lo primero que les viene a la mente?... todos sabemos la respuesta.

El subconsciente no reconoce la diferencia entre una negación y una afirmación, simplemente envía la imagen a nuestro cerebro y créanlo o no, una vez imaginado algo, solo falta un chasquido para hacerlo realidad.

Por lo tanto la próxima vez que quieran que salga el sol, no digan: “Espero que no llueva”, no digan “No quiero estar más triste”, ni digan “Espero no llegar tarde mañana”.

            Practiquen el pensamiento positivo y verán los resultados. Quizás llueva, pero podrían “Sonreír”, “Ser Puntuales” y “Saludables” a pesar de la lluvia.

Articulo: Franklin Pérez
Imagen: Dalmo Roger ( R0g3r5k8b0ard )


jueves, 16 de septiembre de 2010

¿Por qué somos felices?

Adam Smith, el padre del capitalismo moderno dijo. Vale la pena pensar en esto: “Esta gran fuente de tanto miseria como desorden en la vida humana parece venir de la sobrevaluada diferencia entre una situación permanente y otra… Algunas de estas situaciones pueden, sin duda, merecerse ser preferidas a otras, pero ninguna puede merecerse que se la persiga con tal ardor apasionado que nos lleve a violar las reglas de la prudencia o la justicia, o corromper la futura tranquilidad de nuestras mentes por la vergüenza que acarrea el recuerdo de nuestra propia insensatez o por el remordimiento del horror de nuestra propia injusticia”. En otras palabras: sí, algunas cosas son mejores que otras.

Tenemos que tener preferencias que nos lleven a un futuro en lugar del otro. Pero cuando estas preferencias nos arrastran demasiado fuerte y demasiado rápido porque sobrevaluamos las diferencias entre esos futuros, estamos en riesgo. Cuando nuestra ambición está atada, nos lleva a trabajar alegremente.  Cuando nuestra ambición no está atada, nos lleva a mentir, engañar, robar, lastimar a otros, a sacrificar cosas de verdadero valor. Cuando nuestros miedos están atados, somos prudentes, cautelosos, atentos. Cuando nuestros miedos no están atados y son pretenciosos, somos impudentes y cobardes.

La lección con la que quiero dejarles de esto es que nuestros anhelos y preocupaciones son hasta cierto punto pretenciosos porque dentro de nosotros tenemos la capacidad de hacer la materia misma que estamos constantemente buscando cuando escogemos una experiencia.

 Fotografia: Banksy