jueves, 23 de junio de 2011

Elogio A La Mujer Brava.

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar desnuda, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más tu me avisa y yo te abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.




Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las jovencitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.  
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas! 

Elogio A La Mujer Brava.
  Por Héctor Abad 

jueves, 9 de junio de 2011

El Mejor Momento.

Cuando alcances todo lo que quieres, cuando te sientas una persona completa y sientas que por fin eres realmente feliz. Cuando esos muchos años que pasaron sean solo un recuerdo, sean un motivo de impulso y de ganas de seguir avanzando te darás cuenta que todo ese tiempo que estuviste deseando estar en otro lugar, tener algo más o estar con alguien que no estaba presente fue simplemente un tiempo que malgastaste.

Ahora recuerda todas las veces que te lamentaste por lo que nunca sucedió, que quizás esos tiempos que tanto añoraste te estaba robando tu presente, ese presente que es tu mejor momento, que te va a llevar al minuto siguiente y se convertirá en el nuevo dueño de tu transitar y así sucesivamente. Mientras pierdes el tiempo pensando en lo que tuviste, en lo que paso, en lo que no paso, en lo que quieres que pase, en lo que pasará y en lo que quizás nunca pase, desaprovechas las oportunidades de conocer, observar, escuchar y aprender de todo lo que está aconteciendo en este preciso instante a tu alrededor.

Detente por un momento y observa que sucede, si te fijas detenidamente y dejas tu mente en blanco olvidándote de lo que ocurrió y pausando esa absurda obsesión de adivinar que es lo que va a ocurrir, encontrarás un lugar repleto armonía y paz que puede perdurar de esa manera dentro de ti tanto como tu lo decidas.



Y es que si pensamos objetivamente, el ayer no va a cambiar y el futuro siempre será incierto. Entonces ¿Por qué nos preocupamos por lamentarnos por ese momento que ya pasó? Por más que pensemos que podría ser diferente, el pasado es lo que es, así seguirá siendo por la eternidad, el pasado siempre será pasado, quedó atrás. Y el futuro es un completo enigma, que puede ser maravilloso o completamente decepcionante. Solo nos queda aprender a valorar este momento presente donde nos encontramos, este presente absoluto que rige nuestras vidas, nuestras metas, nuestro andar. No somos más de lo que somos en este momento. Solo somos el ahora.

Nada lo va a cambiar, nada será mejor o peor, simplemente es, y debes sentirte una persona afortunada de poder ser y de poder estar presente en el ahora para tomar las riendas del tiempo en el que te encuentras y manejarlo, disfrutarlo y compartirlo a tu antojo y placer.

No hay nada mejor que el presente, el pasado quedó, ya no es, y el futuro pronto será. Cuando así sea, podrás disfrutarlo de la misma manera en que disfrutas el momento constante que comienza y termina con cada bocanada de aire que tomamos.

Comienza a vivir en el ahora y te darás cuenta que estas en el momento lugar indicado para ser cada vez mejor y para sentirte feliz, simplemente porque te da la gana. Tú eres lo que decides ser, ni más, ni menos, ni ayer, ni mañana, simplemente aquí y ahora.

"El pasado es historia el futuro un misterio pero el hoy es un regalo por eso se llama presente"