El
dinero es un vicio, es una enfermedad, es uno de los peores errores de la
humanidad. Se utiliza para diferenciarnos, para clasificarnos y para
segregarnos, sin importar el valor de nuestro esfuerzo, de nuestro conocimiento,
de nuestros o de nuestra generosidad, la
humanidad está clasificada según la
cantidad de dinero que tengas.
Mientras
más posesiones materiales puedas tener, serás mejor tratado, más envidiado y más
alagado. Ese falso concepto de riqueza que nos han dejado como legado a través
de los siglos, es la excusa que utilizan los codiciosos para ser llamados
señores. Al punto tal que en nuestros tiempos, el ejemplo a seguir, o el modelo
de persona que las nuevas generaciones quieren llegar a ser, es el de alguien
con mucho dinero. Sin importar ninguna de las otras cualidades necesarias para
poder ser una verdadera persona de provecho.
Viene
entonces la pregunta cliché, ¿Necesitamos el dinero para ser felices?, tendríamos que preguntarnos antes: ¿Qué es
para nosotros la felicidad? Por muchos puntos de vista que tengamos, no hay que
ser sabio para saber que la felicidad no viene relacionada con las posesiones
materiales, lo material es simplemente un invento de los codiciosos para poder
atraer el dinero que aún no tienen. Por eso los teléfonos, los automóviles, la
televisión que puedes comprar hoy, nunca serán tan buenos como la que puedas
comprar mañana. Aunque la emoción que te
puede transmitir una historia es la misma en blanco y negro, en alta definición,
en ultra alta definición o escrita en papel con tinta.
La
apariencia nos ha debilitado tanto el ser y la integridad, que ahora
necesitamos renovar más seguido que en cualquier otra época nuestras
pertenencias, aunque las que ya tenemos hagan la misma función y tengan las
mismas cualidades que las nuevas que “necesitamos” adquirir. Los países
necesitan crecer económicamente, los bancos necesitan tener más dinero, los
precios necesitan aumentar y nosotros necesitamos ganar más para gastar más
para comprar lo que no necesitamos y así podremos agradar a las personas que no
les importamos para sentirnos importantes y así ingresar en ese círculo tan
privilegiado de gente que “lo tiene todo”.
Si verdaderamente quieres impresionar, lee, aprende, comparte los conocimientos, las anécdotas, las historias, demuestra que no es necesario tener más para poder ser mejor, quienes verdaderamente valen lo sabrán apreciar y valorar, tan solo hecho de tratar de probarle algo a la sociedad para recibir su aceptación demuestra lo pobre que eres en tu interior, que es de donde viene la verdadera riqueza. Cuando tengas algo que el dinero no puede comprar, te darás cuenta de lo afortunado que eres.
“No hay credulidad tan ansiosa y ciega como la credulidad de la
codicia, que es, en su medida universal, la miseria moral y la indigencia
intelectual de la humanidad.” - Joseph Conrad
Franklin Pérez



