Tenemos la fortuna o la desgracia de
vivir en una época donde somos escuchados automáticamente por millones, de
poder estar en varios lugares, conversar con diferentes personas al mismo
tiempo… y de perder completamente el sentido de personalidad.
Simplemente hemos dejado de ser espontáneos,
ya no mostramos nuestras emociones de la misma forma que lo hacíamos antes,
porque tenemos la posibilidad de editar nuestros sentimientos. Nuestros
estados, nuestras emociones. ¿Qué tiene eso de auténtico?
Simplemente estamos transformando
nuestra forma de estar en solitario, nuestro momento de reflexión, por habernos
generado esa necesidad de querer estar con todos en todos los lugares.
Las relaciones humanas son vivas, se
realizan cara a cara, sin planificarse, expresando sentimientos, gestos y
pensamientos improvisadamente. No podemos controlar lo que vamos a decir, pero
lo que sea que diremos será algo único, porque contiene eso especial que no se
consigue con ninguna otra forma de expresión, nuestra “esencia”.
Estamos inmersos en un mundo donde
hemos desarrollado la tecnología con el fin de sentir que siempre tendremos
compañía. De hecho, inconscientemente, no podemos estar solos. Podemos notarlos
cuando hacemos fila, cuando esperamos en algún lugar, cuando somos las únicas
personas en casa. Recurrimos a nuestra tecnología para sentir compañía.
¿Será que necesitamos estar siempre
conectados para poder hallarnos a nosotros mismos? El problema es que mientras más nos
“hallamos” más nos aislamos, más nos perdemos, más nos editamos y dejamos de
ser menos humanos, dejamos de escuchar y dejamos de sentir.
Así que intenta que la próxima
conversación que tengas hoy sea mirando a la otra persona a los ojos.
Texto Y Fotografía: Franklin Pérez
@frapex

Excelente este artículo...
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